Este vídeo se grabó a finales del verano pasado. En él se puede ver como una osa con su único osezno están pastando y rebuscando alimento, entre piedras y tierra, que complemente su dieta herbívora. Una enseñanza más que ayudará al esbardo a defenderse cuando la madre salga de nuevo en celo y lo expulse de su vera.

 

En esta observación pudimos disfrutar de dos osos alimentándose de arándanos en la misma ladera de la montaña, un macho en primer lugar en la zona elevada y una hembra a la orilla del río.
Convivencia puntual que seguramente se dé gracias a la suficiencia de arándanos en ese espacio y a que, en realidad, no estaban tan próximos, a pesar de nuestra perspectiva desde el punto de observación.

 

A mediados del verano comienza la fructificación del arándano. En este momento, si el año ha sido bueno y las arandaneras se cargan de fruto, los osos más grandes se ponen las botas en las mejores zonas. Una de las mejores épocas para disfrutar de su observación a pesar de que este año ha habido muy poco fruto, hecho que no se aprecia en este vídeo, ya que este macho no para de engullir. Quizás sea porque es el primero en disfrutar de estos pequeños manjares.

 

Se describe la dieta de estos plantígrados como muy variada, puesto que no le hacen remilgos a casi ningún alimento. Aun así, nuestras poblaciones de oso pardo presentan una base alimenticia herbívora y frugívora, con pequeños aderezos de invertebrados, carroña y otros alimentos.

 

Estamos en un momento donde resulta un poco más complicada la observación de osos, ya que su atención se centra en el aprovechamiento de la cereza dentro de los bosques, lo que limitan su presencia en zonas despejadas. Pero con experiencia, paciencia y tesón se pueden lograr observaciones como ésta.

 

El gato montés, uno de los principales controladores de roedores en nuestros campos, ronda su territorio en busca de presas mientras come gramíneas que le ayudan a purgar su sistema digestivo.

 

La naturaleza, a veces, nos puede parecer cruel. Los machos de oso pardo pueden llegar a matar a las crías de su misma especie para provocar que sus madres salgan en celo y, así, lograr perpetuar sus genes. En esta ocasión, el osezno salió indemne.

 

Todas las madres hacen malabares en la vida para sacar adelante a sus retoños, y este es un buen ejemplo, aunque esta osa haya decidido hacerlo, también, sobre una peña.

 

El sentido más desarrollado del oso es su olfato, por eso no es extraño observar a estos animales venteando o «cortando el viento» en busca de olores que le den información de su entorno.

 

¿A quién no le apetece dormitar un poco a media mañana? A veces el sueño nos da, y tan buena es una pedriza como un colchón de plumas.

 

En la primavera de 2018 pudimos disfrutar de esta increíble escena, donde este celo culminó en una gran pelea entre dos machos de gran tamaño.